Por GICJ

Traducido por Milagros Begoña Cano Cernuda / GICJ

Declaración de GICJ

 10 de diciembre de 2024 

Hoy, cuando el mundo celebra el Día de los Derechos Humanos, reflexionamos sobre la lucha constante por defender los principios consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En esta ocasión, el llamamiento a la justicia y la igualdad resuena más fuerte que nunca ante las violaciones generalizadas en todo el mundo. Los derechos a la vida, la dignidad y la libertad siguen amenazados, y la responsabilidad colectiva de hacer frente a estos retos nunca ha sido más urgente.

Como afirmó en su mensaje Volker Türk, jefe de Derechos Humanos de la ONU, bajo el lema «Nuestros derechos, nuestro futuro, ahora mismo», la campaña de este año se centra en como los derechos humanos son un camino hacia las soluciones, ya que desempeñan un papel fundamental como fuerza preventiva, protectora y transformadora del bien, especialmente en tiempos de crisis.

Violaciones de derechos humanos en todo el mundo

En Palestina persiste la negación sistemática de los derechos fundamentales, con graves consecuencias para millones de personas. El bloqueo de Gaza ha entrado en su 17º año, creando una prisión al aire libre donde los servicios esenciales, como la asistencia sanitaria, la electricidad y el agua potable, escasean perpetuamente. En Cisjordania, la expansión de los asentamientos ilegales, las confiscaciones de tierras y la demolición de viviendas palestinas continúan sin cesar, violando el derecho internacional. Las frecuentes incursiones militares y la violencia han provocado la pérdida de vidas inocentes, entre ellas mujeres y niños. Los derechos de los palestinos a la autodeterminación, la libertad de circulación y la seguridad básica siguen siendo inalcanzables. La acumulación de violaciones por parte de las Fuerzas de Ocupación israelíes, así como las alarmantes tendencias entre las cifras de víctimas, hacen indiscutible el desprecio de la Potencia Ocupante por la vida civil y las violaciones sistemáticas del Derecho Internacional. Múltiples expertos internacionales advierten de un Genocidio en curso. La catástrofe humanitaria en la Franja de Gaza exige que la comunidad internacional actúe de inmediato contra las fechorías de Israel de todas las formas razonables a su alcance, para evitar un empeoramiento de la situación.

En Siria siguen produciéndose las devastadoras consecuencias de más de una década de conflicto. Alrededor de 14 millones de sirios han sido desplazados, y muchos viven en condiciones terribles como refugiados o desplazados internos. La caída del régimen de Bashar al Asad marcó un momento crucial en la historia de Siria, al revelar una vasta red de prisiones que servían de sombríos monumentos a la opresión sistémica y a los abusos contra los derechos humanos. Se ha instado a organizaciones como las Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional (CPI) a que investiguen y procesen a los responsables de estas violaciones de los derechos humanos. Además, empoderar a la sociedad civil y apoyar las iniciativas dirigidas por supervivientes será crucial para sentar las bases de la rendición de cuentas y los derechos humanos en la Siria post-Assad. Estos esfuerzos también deben incluir una reforma penitenciaria integral para garantizar que los centros de detención dejan de utilizarse como herramientas de represión.

En Afganistán, el deterioro de la situación de los derechos humanos en el país está causando un sufrimiento inaceptable. Los organismos de la ONU han documentado ejecuciones públicas y el uso de castigos corporales por parte de los talibanes, e informes creíbles de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones y torturas de opositores al régimen, que sufren discriminación y marginación, al igual que comunidades marginadas como los hazaras. El retroceso de los derechos de la mujer ha alcanzado un nivel sin precedentes. A las niñas se les prohíbe asistir a la escuela más allá de los niveles primarios, y las mujeres tienen vetado el acceso a la mayoría de los lugares de trabajo, borrando décadas de progreso. El colapso económico y la crisis humanitaria han dejado a más de 28 millones de personas necesitadas de ayuda urgente, mientras la comunidad internacional se esfuerza por implicarse eficazmente. Las minorías étnicas, en especial la comunidad hazara, se enfrentan a una violencia selectiva que pone de manifiesto la profunda vulnerabilidad de la sociedad afgana.

Myanmar sigue sumida en atrocidades bajo el régimen militar. La difícil situación de la comunidad rohingya ejemplifica el régimen opresivo de la Junta, ya que cientos de miles de personas siguen siendo apátridas y confinadas en campos de refugiados sin acceso a los derechos básicos. La situación de los disidentes políticos, las minorías étnicas y los ciudadanos de a pie es terrible, con detenciones arbitrarias generalizadas, trabajos forzados y violencia sistemática. La incapacidad de la comunidad internacional para exigir responsabilidades al régimen ha envalentonado sus acciones, dejando a millones de personas sumidas en la desesperación.

En Sudán, el devastador conflicto civil entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido ha causado un inmenso sufrimiento. Más de 7 millones de personas han sido desplazadas, y la violencia étnica en regiones como Darfur se ha intensificado, recordando los horrores de genocidios pasados. La población civil se está llevando la peor parte de los ataques indiscriminados, la violencia sexual y la falta de acceso a la ayuda humanitaria, lo que agrava una situación ya de por sí grave.

Irak sigue lidiando con las secuelas de la invasión estadounidense de 2003. El pueblo iraquí sufre un amplio abanico de violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos, como violencia sectaria, corrupción generalizada, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias, ejecuciones sumarias, tortura y malos tratos en prisiones y centros de detención, ataques a los medios de comunicación y a los defensores de los derechos humanos, además de amenazas e intimidación a organizaciones de la sociedad civil. Uno de los principales problemas de Irak es que las milicias armadas actúan con impunidad, erosionando la confianza en las instituciones del Estado. A pesar de las promesas de reforma, el gobierno no abordó estas y otras violaciones en el país.

La guerra en Yemen, desde la intervención de los Houthi, ha creado una de las peores crisis humanitarias del mundo, con más del 80% de la población -más de 24 millones de personas- necesitada de ayuda humanitaria. Los niños, en particular, se ven afectados de forma desproporcionada, con millones de personas que sufren malnutrición. El conflicto ha devastado las infraestructuras, provocando hambrunas generalizadas, brotes de enfermedades y falta de acceso a la sanidad y la educación. La continua venta de armas y la indiferencia internacional han agravado la crisis, prolongando el sufrimiento de los yemeníes de a pie.

El auge del racismo y la islamofobia

En todo el mundo asistimos a un preocupante aumento del racismo, la xenofobia y la islamofobia. En muchos países occidentales han aumentado los delitos motivados por el odio contra inmigrantes y musulmanes, alimentados por una retórica divisoria y políticas discriminatorias. La estigmatización de migrantes y refugiados refleja prejuicios profundamente arraigados que niegan a las personas su humanidad básica. La discriminación racial y el legado de la esclavitud y el colonialismo siguen destruyendo vidas y reduciendo oportunidades, impidiendo que miles de millones de personas disfruten plenamente de sus derechos humanos y libertades.

Las políticas islamófobas, como las prohibiciones de atuendos religiosos y la focalización desproporcionada en las comunidades musulmanas a través de medidas antiterroristas, han normalizado la exclusión y la alienación. En algunos casos, los líderes políticos han explotado estos prejuicios para obtener beneficios electorales, arraigando aún más la discriminación sistémica. Este aumento de la intolerancia socava los principios de pluralismo y respeto mutuo, vitales para la coexistencia pacífica.

Llamado a la acción

En este Día de los Derechos Humanos, se nos recuerda que la lucha por la justicia y la igualdad exige una acción colectiva y una determinación inquebrantable. Los gobiernos deben rendir cuentas por las violaciones de derechos humanos, mientras que la sociedad civil y los movimientos de base deben ser empoderados para amplificar las voces de aquellos que no pueden hablar por sí mismos.

Pedimos a la comunidad internacional que:

  1. Proteger a los civiles en las zonas de conflicto haciendo cumplir el derecho internacional humanitario y exigiendo responsabilidades a los autores.
  2. Apoyar a las comunidades marginadas garantizando el acceso a la educación, la atención sanitaria y las oportunidades económicas.
  3. Combatir el racismo y la islamofobia mediante legislación, educación y políticas inclusivas.
  4. Dar prioridad a los derechos humanos en la diplomacia, el comercio y la cooperación internacional, negándose a que los intereses políticos eclipsen los valores fundamentales.
  5. Acabar con la impunidad: todos los violadores de los derechos humanos deben comparecer ante la justicia. En este sentido, es crucial una estrecha cooperación entre todos los Estados miembros de la ONU para acabar con la impunidad y hacer justicia a todas las víctimas del mundo.

 En este Día de los Derechos Humanos, renovamos nuestro compromiso de construir un mundo en el que prevalezca la justicia, se respeten los derechos y todas las personas puedan vivir con dignidad y libertad.

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